Hace tres años, como presidente del Club Escuela Juventud Sanse, tomé una decisión arriesgada pero absolutamente lógica en una organización cuyo principio es el de educar en valores a través de la práctica del futbol, y fue la creación del Protocolo Tolerancia Cero contra la violencia en el futbol base. Es fundamental trabajar el employerbranding, y cómo mejorar el compromiso de los empleados, el compromiso de los empleados, así como el employee engagement.

Se acabaron las medias tintas con la violencia de todo tipo, ya fuera física, verbal o gestual. Y con medidas que implicaban a jugadores, a entrenadores, y sobre todo, a los padres que desde la banda tantas veces han ofrecido una imagen vergonzosa y deleznable.

Porque algo que aprendes muy rápidamente en un club de más de mil chavales y chavalas, es que todos ellos son, ni más ni menos, el resultado de la educación que sus progenitores les han dado. Si un padre o madre es educado y respetuoso, el niño o niña sale igual de respetuoso. Y si es al revés, sucede lo mismo. Y, desgraciadamente, el nivel de educación de esas personas que hoy son el ejemplo a seguir de sus hijos, aún deja mucho que desear.

 Como padre de dos hijos, aprendí también que los límites y la rutina hacen que los bebés primero y los hombrecitos más tarde, sean más tranquilos y felices ya que su mundo es estable, saben cuales son las reglas del juego (de la vida) y no tienen esa incertidumbre que tanto nos afecta cuando la vivimos en nuestro entorno. Y esas reglas, en la vida, no son otra cosa que los Valores.

Los valores que inculca el deporte (y especialmente un deporte de equipo como el fútbol) son múltiples y a cada cual más valioso. Por enumerar algunos, podríamos mencionar el espíritu de sacrificio para entrenarse y mejorar cada día, el valor del trabajo en equipo para alcanzar esa victoria que ninguno podría conseguir individualmente, la resiliencia para levantarse tras una derrota, sin importar el fallo, el autocontrol ante las diferentes situaciones, la disciplina, el esfuerzo, la perseverancia, la humildad, la deportividad, el respeto…

Y cuando a una persona, desde pequeño, se le han inculcado estos valores morales que definen las estables reglas de su mundo, esta persona se convierte en un ser equilibrado, capaz de resistir ante los embates de sus circunstancias, y estando en paz consigo mismo, llega al estado deseado de la felicidad.

Por eso estoy completamente convencido de que una persona con valores es una persona feliz. Esta es la ecuación clave:V=F. Valores igual a Felicidad.

Todos sabemos que no es más feliz quien más tiene, a quien las cosas le son fáciles, quien posee esto o aquello, sino quien está a gusto en su propia piel, quién acepta las circunstancias buenas y malas que le lleguen desde la fortaleza de un ser estable y conforme consigo mismo. Así que preguntémonos… ¿qué mejor educación le podemos dejar a nuestros hijos para que sean felices en su vida?

César D. Quintero del Valle

Responsable de Integridad y valores de la Real Federacion de Fútbol de Madrid

cq@ai7.es